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SE ABRIERON LOS CIELOS

El Señor Jesús nos enseño que quien quiera ser el más importante debe sentarse en los últimos puestos y servir a los demás. Julio ha sido el más importante. Un pilar, una columna principal de nuestra estructura. El se cimentó en la roca y por eso fue llamado y escogido. Su legado permanecerá y sus enseñanzas darán fruto pues le daba siempre la gloria y honra a El, a nuestro Señor Jesucristo.

Julio fue una creación admirable. Julio es irremplazable. Grande en cuerpo, corazón, mente y espíritu. Callado y sencillo. Lleno de gozo y fortaleza. En vida nos hizo reír tanto a todos con sus ocurrencias. Aunque así hemos sentido y llorado el doble su ausencia.

Este recorrido es muy breve para lo que significó el privilegio de haber conocido y compartido con nuestro amado hermano Julio. Nos queda la confianza del reencuentro. Sabemos que la muerte ha sido derrotada con la victoria.

Julio, varón de Dios, Más Que Vencedor por medio de Cristo Jesús, ya llegó y hoy disfruta gozoso de la presencia de Dios. El no viene a nosotros, nosotros vamos a él.

Los cielos se abrieron para recibirlo en su morada celestial. Y el Señor al recibirlo en sus brazos le dijo: “Bien hecho, siervo fiel y prudente.”

“Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman.”
1 Corintios 2:9